
Tengo las manos frías, hace tiempo que se me han dormido los dedos, y las cuerdas rasgan mis muñecas cada vez que intento soltarme. He conseguido, al menos, sentarme apoyando la espalda en una de las paredes de la furgoneta y solo me acuerdo de que debería haber llevado a arreglar aquel temilla de los amortiguadores…
No tengo ni idea de a dónde nos dirigimos, ni siquiera, quienes son…han llegado por detrás y sólo recuerdo haber oído un nombre antes de despertarme botando, amordazado y atado, en el interior de ésta caja metálica…
En ocasiones cómo ésta, uno nunca sabe qué va a pensar, cómo va a sentirse…pero lo cierto es que, como si de alguna extraña alarma interna se tratara, de repente te olvidas de ti y comienzas a pensar en aquellos a los que necesitas a tu lado, en la posibilidad de que, quizá, no vuelvas a verlos. Es justo en ese momento cuando más dolor se experimenta, al comprobar que existe siquiera una minima posibilidad de que no vuelvas a besarla, a olerla,…no volver a escuchar su voz...Padres, hermanos, y hasta el maldito perro…todos y cada uno de ellos pasan por tu cabeza dejando una larga lista de emociones…pero la realidad te devuelve el mal cuerpo, las nauseas de un viaje a oscuras, donde los golpes contra el suelo ya no provocan ningún dolor.
Ésta mañana, ella se ha quedado durmiendo…estaba preciosa sobre las sabanas negras, y su piel blanca resplandecía como el amanecer que se colaba por la ventana. Sólo me he acercado despacio para besarla antes de marcharme a trabajar…Su olor, me acompaña para todo el día. Pensar que esa puede ser la última imagen que recordare de ella, no me disgusta del todo, pienso en cómo se le revuelve el pelo cuando duerme…pero hubiera preferido haber podido mirar a sus ojos una vez más…
De cada uno de los días que hemos pasado juntos, recuerdo cada segundo. Desde el primer día que nos vimos en el aeropuerto de Oslo, hasta sus “buenas noches” de ayer...Al final, ella tenía razón con lo de no hacer planes a largo plazo, y debería de haber disfrutado más de lo que he vivido. Nunca se ha llevado demasiado bien con mi madre, me divierte verlas discutir, a veces sólo con la mirada…y que conste que es normal discutir con mi madre, y que se necesita mucha paciencia para guardar la compostura ante una retahíla de indirectas hirientes acerca de todos y cada uno de los aspectos de tu vida, pero creo que en el fondo, hasta se quieren…Espero que si no vuelvo, se ayuden la una a la otra…y que no discutan por quien se queda al perro…
No se que hago aquí detrás, porque no tengo mucho que ofrecer después de tantos años de haber pasado casi desapercibido en el mundo, y seguro que hay otros con más dinero que yo…No los he escuchado hablar en todo el camino. Suena un móvil. No se muy bien que idioma están hablando, pero tengo la sensación de que puedo entenderles, creo que llegaremos dentro de pocos minutos…
Ahora me sudan las manos, y me escuecen las muñecas. Y el corazón se me ha acelerado hasta hacer temblar todo mi cuerpo, y la furgoneta se detiene. Nadie se baja. Nos volvemos a poner en marcha.
Me acuerdo de la cara que puso cuando vio al perro…No le hizo gracia tener que compartir el sofá con un saco de pelos con mala leche, y les costó adaptarse el uno al otro…creo que es como si hubieran llegado a un pacto de no agresión, de respeto mutuo por el bien de los dos…me hace gracia pensar en los dos sentados en el sofá viendo alguna película de esas en las que no puedo evitar caer dormido a la mitad…
Pienso en qué he hecho en mi vida, a quien he podido ofender, qué me ha podido llevar a estar ahora consolándome por si hay un final, y no encuentro un motivo para tener miedo. Pero lo tengo.
La furgoneta ha vuelto a pararse. Se han bajado los dos, y creo que vienen a abrir la puerta.